domingo, 5 de abril de 2020

Virus

por  Caronte Campos Elíseos


Acostumbrado a las frecuentes cuarentenas entre cuatro paredes; revestidas de cojines blancos, tenues luces, fríos pisos y silencios sepulcrales; este encierro cuasi voluntario me parece acogedor.  La soledad no me molesta, de todas formas, ya se había apoderado de mi vida (si es que esto puede llamarse vida).  El distanciamiento social y el comportamiento asocial son para mí, rutinas diarias.  Vivo entre pilas de viejos periódicos, botellas y frascos de contenidos prescritos.  Con mucho tiempo para perder durante este periodo, he practicado meditaciones oscuras y experimentado visiones nocturnas (algunas de ellas bajo los efectos de la sobriedad).  Como fanático de las ciencias ocultas y las artes misteriosas, he intentado con todos mis recursos, que no son muchos, entender los mensajes recibidos en tales transes.  Todos hacen referencias o iban en dirección de nuestra burda realidad.

Admito que no soy un ducho en materias sociales y políticas.  Y con el babélico lenguaje de los medios de comunicación y de los propios políticos, es una tarea ardua razonar entre líneas.  No tengo ninguna expectativa de poder explicar o lograr que alguien entienda lo que, aun yo no tengo claro.  Es muy probable que todo esté directamente relacionado a la situación actual.  Pienso que debo estar poseso por el estrés, la ansiedad, los nervios, el miedo o por todas las sustancias psicotrópicas que me recetan.

Prisioneros, a nivel global, por un virus que ha puesto en jaque, imperios y potencias; intereses y capitales económicos; parece ser que la fe es lo primero que se ha perdido.  Las iglesias cerradas, los cultos virtuales, la comunidad dispersa; todo sintomático de los últimos tiempos.  Aeropuertos vacíos, puertos y fronteras cerradas; acciones y mercados en picada; banca, farmacéuticas y comercios paralizados; el gas, el petróleo y otras producciones, sin demanda.  Mientras tanto, la naturaleza regenerándose; el ambiente restaurándose, el aire purificándose y las aguas limpiándose.  Aparentemente, con el virus de la humanidad contenido, la creación (cosmológica o providencial) entró en una remisión espontánea, con expectativas de regeneración natural. 


La primera baja en esta nueva guerra, es el mito del sistema capitalista como gendarme de todos, incluyendo los más desposeídos. 

Con todo y la cuarentena, la carga viral de la corrupción no parece ceder.  Los síntomas son cada vez más evidentes.  Paralelamente al aumento de casos positivos y al lento pero consistente crecimiento de muertes asociados al Coronavirus, los parásitos de la putrefacción gubernamental no dan tregua.  Con la ilusión de libertad legalmente restringida, estos gérmenes patógenos continúan medrando de nuestro sistema casi colapsado.  El caso más reciente de la apatía de estos endoparásitos, es la afrenta contra la salud del pueblo.  En plena embestida de la pandemia, no faltó ocasión para tener que enfrentar el más reciente caso de corrupción.  La desaparición (hasta el sol de hoy) de cerca de 500 pruebas de COVID-19 (que probablemente las ocultaron para su grupúsculo), la otorgación de contratos millonarios a los amigos del alma, los empleos sobre remunerados para los hijos talentosos de alguien ya sobrevalorado; son la mortal terapia que le recetan a la moribunda economía, a nuestra salud (física y emocional) y a nuestra estabilidad nacional.

Todo esto, con sectores aun convalecientes por los pasados eventos ya conocidos.  Las muertes tras el paso del Huracán María, la desviación de los Fondos de Recuperación, la pobre respuesta tras los temblores, los refugiados de los terremotos abandonados a su suerte; los almacenes de suministros ocultos y los almacenes de medicamentos expirados.  Amén de los tiranos golpistas auto-condecorados, disfrazados de progresistas.  Estas lacras han invadido todo nuestro cuerpo y nuestra mente, envenenando así nuestra alma.  El peor de los efectos secundarios, es la connivencia de los fanáticos miopes que están enfermos y lo ignoran, ya que no presentan síntomas de dignidad.  El ciego respaldo a las estructuras totalmente corruptas, a las que la gobernadora actual responde, ha sido letal.  Peor que con el Coronavirus, por cada elector virtuoso y con conciencia, existen legiones de contaminados con la pústula mental.  Las probabilidades de recuperación son mínimas ante tan tétrico cuadro. 
       
Tantos años de politiquerías, abusos, expolio y profetas asesinados, no han servido para romper el círculo vicioso de esta recidiva.  La medicina más eficaz durante esta cuarentena podrían ser grandes dosis de moral, inyectada directamente a las venas de nuestro ser colectivo.  Es posible que nos ayude a curarnos del virus del olvido histórico, del servilismo heredado, de la indiferencia y del individualismo.  No suelo dejar ver la poca fe que tengo en una cura definitiva; pero espero que este tiempo de confinamiento valga para educarnos.  Que podamos vivir una verdadera palingenesia y resucitar así la conciencia y el orgullo nacional perdidos.  

¡Levántate y anda!


jueves, 2 de abril de 2020

No me rendiré

por Eric Landrón 

No me rendiré


No me rendiré, Boricua, no me rendiré,
Aunque el viento se deshilache en jirones de vacíos,
Aunque al pájaro, ¡nuestro pájaro!
le estropeen el canto, el vuelo y el pico,
Aunque la mar, ¡nuestra mar! se deshaga en agua y sal.


No me rendiré, Boricua, no me rendiré,
Aunque el mundo florezca de espinas y bandidos,
Aunque el horizonte de nuestro destino
extravié su camino en un descuido,
Aunque declaren a la esperanza delincuente en fuga.


No me rendiré Boricua, no me rendiré,
Aunque tiemble la tierra amada bajo los pies de mi estirpe y alma,
Aunque los virus de los desánimos a los empeños cuarteen,
Aunque me golpeen con sarna y saña,
Aunque el día se depile tras el olvido,
Aunque la muerte amiga
asalte a mi corazón como enemiga
en este instante de todos los instantes.


No me rendiré Boricua, no me rendiré,
No me rendiré, Boricua, no me rendiré,
No me rendiré Boricua
ni porque me rinda…!


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Eric Landrón - El poeta puertorriqueño Eric Landrón nació el 14 diciembre de 1953, en San Juan, Puerto Rico. Hizo un bachillerato en Ciencias Sociales y Sociología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras. Se desempeñó como coordinador jefe del Programa Promoción Cultural del Sistema de Bibliotecas del Recinto Río Piedras. Entre sus libros más destacados de poemas se encuentran: "Pupilazos" (1978) y "Huracanazos o Hugomanías" (1989), inspirado en el Huracán Hugo. También en el 1991 y 1994, Landrón escribió "Piropazos" y "Delirio y Esperanza", respectivamente. Los versos de ésta última publicación motivaron el espectáculo teatral "El amor en los tiempos del Sida", presentado en diferentes teatros de la Isla. Asimismo, su propuesta de unir el humor y la poesía como un medio novel para la prevención del SIDA, fue acogida con éxito en el Congreso Mundial del SIDA, celebrado en Japón, en el 1994. En 1997, publicó "Entre la Vida y el Aliento", donde se rindió un tributo a las víctimas de la explosión de Río Piedras. Además, en 1999 escribió "En Pie de Lucha y Canto", cuaderno de poemas dedicado a los puertorriqueños encarcelados en los Estados Unidos. El libro fue prologado por el profesor universitario, Luis Nieves Falcón. En el 2000 surge "Vieques, De Isla Niña a Mujer Isla" y "Pintuversos del Caribe Indio" (2000), sólo por mencionar algunos. Sus obras más recientes se titulan "Vía Crucis y Redención del Calvo" (cuyo prólogo fue escrito por Skármeta) y Chávez de sol y de lluvia (2014), junto al cantante y escritor Danny Rivera.

lunes, 30 de marzo de 2020

En las letras, desde Puerto Rico: Profeta, mago y chamán, la presencia necesaria del escritor Eric Landrón en el mundo de las letras

por Carlos Esteban Cana 


Eric Landrón es uno de los poetas y gestores culturales más importantes de Puerto Rico y el Caribe.  Con el paso del tiempo ha sido nombrado como El Juglar del Pueblo o El Poeta de la Bondad, por su consecuente presencia a la hora de acompañar al pueblo boricua en sus luchas por preservar los derechos humanos más fundamentales en el archipiélago nacional. Desde la militancia pacífica para obtener el cese de bombardeos en Vieques hasta la excarcelación de los presos políticos, el reclamo de justicia y compasión hacia las personas víctimas del SIDA o los reclamos porque se audite la ilegítima deuda de Puerto Rico, Landrón ha estado en primera fila para alzar su voz, como pocos lo hacen, en defensa de los más vulnerables.  Esa misión autoimpuesta le ha llevado a declamar a viva voz, desde una carroza auspiciada por la organización ecologista Sierra Club, sus poemas en defensa del ambiente ante millones de personas en la Quinta Avenida de Nueva York durante el Desfile Puertorriqueño, incluso ha hecho lo propio en las instalaciones de las Naciones Unidas.  Entre sus libros más importantes se encuentran Pupilazos (1978), Huracanazos o Hugomanías (1989), Piropazos (1991), Delirio y esperanza (1994), Entre la vida y el aliento (1997)  y Vía crucis y redención del calvo (2006), que incluye una introducción del escritor chileno, Antonio Skármeta. Landrón también ha sido columnista para periódicos como El Diario y The San Juan Star.  

En el panorama cultural se le reconoce como pionero en modalidades estéticas vanguardistas y poéticas como los Pintuversos (en el que funde la poesía con la pintura) y el Fotopoema (en el que sus versos y metáforas están al servicio de la fotografía), de ahí su serie Poemas de Pandora que se inspiró en la película Avatar, de James Cameron.  De igual manera, Landrón ha sido promotor incansable a la hora de unir la poesía con la música, lo que ha dado como resultado su consecuente colaboración con músicos como Tito Auger, Andy Montañez, el grupo de folclor Tepeu, Ivania Zayas, Alí Tapia, Raulo, Carlos Esteban Fonseca, y el grupo Los perros de Pavlov , de ahí sus diversos conciertos/recitales como Bohemia Roquera y Románticos en un siglo equivocado.  En años recientes ha trabajado estrechamente con Danny Rivera, la Voz Nacional de Puerto Rico, en el libro y proyecto artístico Chávez de sol y de lluvia que lo ha llevado a viajar varios países. También ha formado parte de la bohemia poética Laro y sus amigos junto a Luis Antonio Rodríguez, quien en junio de 2019 dictó una conferencia en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos sobre el humor en la obra lírica de Landrón como un verdadero Poeta Juglar del siglo XXI.  Por tal valiosa trayectoria, con el paso de los años, este servidor también ha tenido la oportunidad de entrevistar a Eric Landrón para algunos medios.  Y en tales conversaciones debo reconocer que algunas de sus respuestas me parecieron drásticas, pero hoy día, con todo lo que está sucediendo a nivel global y nacional, tienen otro tono, el tono de profecías casi cumplidas:

En agosto del 2012, Landrón manifestaba: “Los poemas de Pandora son parte de algo mayor, que le hemos puesto por nombre Attabeira, que en taíno significa ‘Madre Tierra’. Se trata de un movimiento que une a cristianos, científicos, ambientalistas y humanistas.  Ya no basta con sembrar un árbol. Es urgente cambiar de estilo de vida. Los pronósticos dicen que si no lo hacemos, para el 2050 las condiciones climáticas en la tierra serán muy difíciles. Se habla del aumento del calentamiento global, de huracanes nunca antes vistos, ya es un hecho que el agua será escasa en muchos lugares y hasta especies completas de animales podrían desaparecer.  Nos urge, como dije, un cambio de conciencia”.

En esa misma entrevista añadió: “Lo que estamos haciendo hoy con el ambiente repercutirá mañana en las generaciones futuras.  Si somos creyentes en lo que hacía, por ejemplo, un ambientalista como San Francisco de Asís, que no era otra cosa que promover valores de respeto hacia el prójimo, no nos queda otra alternativa.  Hay que llevar esa praxis del amor hasta las últimas consecuencias.  El planeta no aguanta que lo sigamos explotando por codicia.  O somos mejores seres humanos o morimos”.

Más adelante, en noviembre de 2014, expresaba: “Aparte de esa sobrevivencia física estamos hablando de la sobrevivencia del alma, de lo humano, del humanismo.  Rodolfo Llinás, el famoso neurólogo colombiano, está diciendo que vivir desde la virtualidad atrofia el cerebro.  Pilotear un avión desde una computadora, hacer el amor desde un teléfono inteligente como ya se está haciendo, atrofia el cerebro en dos aspectos.  El primero, elimina el instinto de supervivencia porque todo te es dado y ese instinto es el móvil de la evolución humana. Y peor aún, atrofia la capacidad de sentir: tú te desconectas de la vida, de la empatía, del altruismo, porque si tú te quedas de 12 a 15 horas en un mundo virtual fijo, oye, dejas de sentir”.

Y sobre el valor de los artistas, puntualizó: “Los artistas somos los custodios de los sentimientos.  Nosotros somos los antropólogos del sentido común. Somos los profetas, somos los magos, somos los chamanes.  Ahora más que nunca el artista tiene que estar en la calle, tiene que salirse del libro, la poesía tiene que fusionarse con otros medios para llegar a más gente”.


Y en este punto, estimado lector, quiero culminar esta edición de “En las letras, desde Puerto Rico” en el blog de Caronte Campos Eliseos, incluyendo como colofón el enlace a un reportaje que realicé sobre el Poeta de la bondad para Hoy en las Noticias de Radio Universidad de Puerto Rico. En el mismo escucharán a Eric Landrón declamar una poesía suya en un evento de Amnistía Internacional en contra de la pena de muerte.  Le acompaña en la guitarra, Tito Auger, cantando Solo le pido a Dios, himno global y latinoamericano que compuso el argentino León Gieco en 1978.  Que lo disfruten.


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Carlos Esteban Cana – Comunicador y escritor.  Nació en Bayamón, Puerto Rico, pero se crió en el pueblo costero de Cataño. Fundador de la revista y colectivo TALLER LITERARIO, publicación alternativa que marcó la última década de creación literaria boricua en el siglo XX.  Ha trabajado en el Instituto de Cultura Puertorriqueña como Coordinador Editorial, Director de Prensa para la V Feria Internacional del Libro de Puerto Rico y como Coordinador de Medios para el Encuentro de Escritores De-Generaciones.  Su periodismo cultural ha sido publicado en periódicos y publicaciones como Dialogo, Cayey, CulturA, El Nuevo Día, y Resonancias, entre otras.  Fue parte del colectivo El Sótano 00931.  Colaboro con el poeta Julio Cesar Pol, junto a Nicole Cecilia Delgado y Loretta Collins, en la antología Los Rostros de la Hidra.


Su periodismo cultural es reproducido en diversos espacios y bitácoras cibernéticas, con columnas como: Breves en la cartografía cultural; Aquí allá y en todas partes; Crónicas urbanas y el boletín En las letras, desde Puerto Rico, en bitácoras como ConfesionesSólo Disparates, Panaceas y placebos, Boreales, Revista Isla Negra y en periódicos como El Post Antillano.  Tiene tres libros publicados: Universos (micro-cuentos); Testamento (antología poética; una selección de 46 cuadernos) y Catarsis de maletas (cuentos).  Actualmente reside en la ciudad de Nueva York y desarrolla la plataforma multi-mediática Servicios de Prensa Cultural.  Para Carlos Esteban Cana profesar creación y cultura es como recibir oxígeno; vehículos que le permiten ejercer su libertad.

sábado, 28 de marzo de 2020

En las letras, desde Puerto Rico: Serie Libros importantes: Francisco Font Acevedo reflexiona sobre su libro La belleza bruta

por Carlos Esteban Cana

Francisco Font y La belleza bruta

A mi entender, con el paso del tiempo La belleza bruta de Francisco Font Acevedo se ha convertido en un libro de culto; fascinó a los lectores de inmediato desde que fue publicada por primera vez en el año 2008, por la desaparecida editorial Tal cual.  Luego ha llegado a los lectores a través de las ediciones de Aventis, proyecto editorial del también escritor Jorge David Capiello.  Y volviendo al punto inicial, con La belleza bruta ha sucedido lo que ocurre con ciertos libros: la impresión de que estamos ante una obra notable, de excelencia.  Tal como ha sucedido con libros como: Cada vez te despides mejor, de José Pepe Laboy; Vindicación del miedo, de Camilo Santiago Morales; Ya vienen a buscarme, de José Manuel Solá; Animal fiero y tierno, de Angelamaría Dávila; Concierto de metal para un recuerdo y otras orgías de soledad, de Manuel Ramos Otero; La sílaba en la piel, de José María Lima; En cuerpo de camisa, de Luis Rafael Sánchez.  Y precisamente sobre este libro ha escrito Luis Rafael: “… situándose más allá del cuento y la novela, La belleza bruta configura un magno universo narrativo, poblado por personajes azarosos y sexualidades tan plurales como flexibles, que sacude al lector con el concurso de su prosa astuta, incendiaria, deslumbrante”.

Francisco Font Acevedo ya había entrado con pie derecho en la literatura puertorriqueña con su colección de cuentos Caleidoscopio (2004), que mereció elogios de escritores y editores como Mario Cancel Sepúlveda y Carlos Roberto Gómez Beras.  En el 2005 fue incluido en la antología de microcuentos y aforismos Edición Mínima, coeditado por El Sótano 00932 y Publicaciones Gaviota.  De junio de 2007 a abril de 2010 hizo disponible sus ensayos y crónicas a través del blog Legión miope.  Y en el 2016 publicó su novela La troupe Samsonite. En el 2018 Font Acevedo se unió al artista Rafael Trelles (con quien había trabajado anteriormente) en el proyecto de arte, literatura e historia en el espacio urbano que llevó por nombre Santurce, libro mural, auspiciado por el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico, la Fundación de las Humanidades y la Fundación Francisco Carvajal.  Cuando le piden datos biográficos a este enigmático escritor boricua suele destacar sobre su persona: “Subsiste como corrector legal.  Hace lo que le toca: camina, usa transporte público, trabaja y compra en los supermercados.  Sus afectos cotidianos son minimalistas: un cargado maletín Samsonite, dos hijos, un gato, ella.  Procura que su morada sea en el barrio Santurce, ombligo de la ciudad capital de Puerto Rico.  Lee lo que quiere y escribe lo que puede; fuma con plena fe en sus ancestros.  Vive, pese a la precariedad de su país, agradecido del mar y los almendros”. Con este preámbulo compartimos de nuestros archivos unas reflexiones de Francisco Font Acevedo sobre su libro La belleza bruta.

En La belleza bruta, El proceso creativo

Francisco Font Acevedo: “El libro tuvo su ritmo. Lo había comenzado a escribir, algunos de los textos, poco antes de la publicación de Caleidoscopio. Luego la escritura no demoró demasiado pero el proceso editorial es otra historia; es bastante accidentado.  Y creo que en parte fue afortunado que se diera de esa forma porque me dio la oportunidad, entonces, de revisar el texto y de pulirlo lo más que pude. Así que esos traspiés los convertí en ventaja. Y también porque no tenía prisa en cuanto a la publicación”.

“El título vino por accidente. Tenía otro título el manuscrito.  Elidio La Torre me sugirió este. Yo creo que fue afortunado que todo el proyecto sucediera así.  Yo lo pensaba más bien en términos estructurales, y ha sido interesante el enfoque, las lecturas, que se le ha dado al libro sobre el tema de la sexualidad y la violencia que son temas que vienen a posteriori; sobre todo ciertas personas se sorprenden con esto.  Pero yo no lo pensé como que esto es un texto que va a tratar, necesariamente, de la violencia y en combinación de la belleza.  Yo creo que algunos lectores deslindan un tema que es oportuno, pero yo no lo veo de esa manera. Lo que sí vi fue como una estructura, una estructura que combinaba elementos de novelleta con cuento en un universo mayor”.

La ciudad en La belleza bruta

Francisco Font Acevedo: “Yo creo que ahí está la clave, en ese sentido yo aprecio más eso a estos otros temas que son satélites. Yo creo que de ahí derivan, pues entre los personajes y las situaciones que se cuentan está ahí trazada la ciudad. De hecho, el título original tenía que ver con la ciudad. La ciudad como un espacio de descolocación.  Yo creo que también tiene que ver con las subjetividades que, más o menos, están representadas en esos personajes.  Son subjetividades que tienen y que están, son como “ciudadanos insanos”, para usar el término de (Juan) Duchesne, personajes que están como fuera de lugar.  Y siempre están huyendo, siempre están buscando un lugar y el lugar es ese desplazamiento mismo dentro de la ciudad. Y definitivamente así es como yo me concibo, como un escritor esencialmente nómada, en ese sentido. O sea, no me interesa cristalizar una poética fija, sino siempre en movimiento.  Y los personajes un poco representan eso.  Pero fíjate, la queja que yo tengo es que estos personajes están angustiados. Todos están de alguna manera desgarrados.  Y, por lo tanto, creo que se puede ver la ciudad desde ese otro paradigma, desde esa angustia existencial”.

Relación con la música, parte del proceso creativo

Francisco Font Acevedo: “Yo creo que la música me da muchas estructuras.  Obviamente estructuras muy abstractas, pero que las incorporo a mi manera, las traduzco en palabras. Desde el rock, la salsa, la música clásica, pues me sirven como un agente catalítico creativo. Y de alguna manera lo incorporo.  No necesariamente hablando de eso directamente, pero sí digamos en el trabajo con los ritmos y los silencios”.

La crónica como herramienta

Francisco Font: “Yo creo que es material aprovechable en la ficción. Ese elemento de crónica, y no creo que eso sea privativo ni de ese libro ni de lo que se hace en Puerto Rico; es también hablar de unos espacios literarios que a veces pasan desapercibidos.  A mí me pareció oportuno por la historia de Pepe Xerox y de este coleccionista cínico y fetichista. Así que ¿por qué no?  Además, que conozco algo de los individuos, así que era un poco tirar un guiño hacia ellos”.

La referencia directo a lo puertorriqueño sin sonar localista.


Francisco Font Acevedo: “Yo creo que fue un proceso, que sí, que hubo un miedo a eso; algo que también les sucede a los escritores coetáneos, por resistencia a cierto modelo de escritura dominante en los 80’s que se inclinó entonces a relocalizar sus textos.  Creo que eso no es necesario. Yo creo que hay que legitimar el espacio puertorriqueño como un espacio literario, y por eso, ¿por qué no?  Además de que eso no deriva necesariamente en la calidad del texto y si va a funcionar o no va a funcionar. Pero es una manera de legitimar ese espacio.  Es mi espacio, tú sabes, yo no lo cambio.  Estoy ahí, así que porqué no darle esa densidad literaria”.
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Carlos Esteban Cana – Comunicador y escritor.  Nació en Bayamón, Puerto Rico, pero se crió en el pueblo costero de Cataño. Fundador de la revista y colectivo TALLER LITERARIO, publicación alternativa que marcó la última década de creación literaria boricua en el siglo XX.  Ha trabajado en el Instituto de Cultura Puertorriqueña como Coordinador Editorial, Director de Prensa para la V Feria Internacional del Libro de Puerto Rico y como Coordinador de Medios para el Encuentro de Escritores De-Generaciones.  Su periodismo cultural ha sido publicado en periódicos y publicaciones como Dialogo, Cayey, CulturA, El Nuevo Día, y Resonancias, entre otras.  Fue parte del colectivo El Sótano 00931.  Colaboro con el poeta Julio Cesar Pol, junto a Nicole Cecilia Delgado y Loretta Collins, en la antología Los Rostros de la Hidra.

Su periodismo cultural es reproducido en diversos espacios y bitácoras cibernéticas, con columnas como: Breves en la cartografía cultural; Aquí allá y en todas partes; Crónicas urbanas y el boletín En las letras, desde Puerto Rico, en bitácoras como Confesiones, Sólo Disparates, Panaceas y placebos, Boreales, Revista Isla Negra y en periódicos como El Post Antillano.  Tiene tres libros publicados: Universos (micro-cuentos); Testamento (antología poética; una selección de 46 cuadernos) y Catarsis de maletas (cuentos).  Actualmente reside en la ciudad de Nueva York y desarrolla la plataforma multi-mediática Servicios de Prensa Cultural.  Para Carlos Esteban Cana profesar creación y cultura es como recibir oxígeno; vehículos que le permiten ejercer su libertad.

viernes, 20 de marzo de 2020

Confinamiento

por  Caronte Campos Elíseos


Ya en el quinto día de la cuarentena por la pandemia del Coronavirus (mejor conocido como Covid-19) el cual se aloja en nuestro sistema respiratorio, siento que me vuelvo loco.  No es nada extraño, ya que rara vez logro reconocer la línea fina que divide lo que siento y lo que realmente soy.  A veces quisiera entender, y muchas otras, prefiero no hacerlo.  La realidad es que nunca entiendo nada en absoluto.  En esta ocasión me solidarizo con la directriz del gobierno al confinamiento en nuestros hogares.  Siguiendo libre y voluntariamente al pie de la letra, el llamado al aislamiento social.  Los que me conocen saben que vivo esa práctica asocial desde mi nacimiento.  En estos momentos de muerte y desolación global, es justo y necesario acatar la orden y proteger la vida (si es que esto puede llamarse vida)

Lo que no es justo es la otra reclusión de la que hemos sido vistimas por los pasados 68 años.  Me refiero al arrebatamiento de nuestra voluntad política y autoestima nacional.  A diferencia de la clausura actual, aquella ha sido implementada de manera subrepticia.  Paulatina, a veces disimulada, casi imperceptible.  La mayoría no sabe que vive en un perenne encierro instaurado por el poder ultramarino, y mantenido por los cipayos insulares.  ¿A qué me refiero se preguntarán mis asiduos lectores?  Pregunta que, en efecto, confirmaría mi teoría de que vivimos enajenados de esta burda realidad. 

El virus que nos ha condenado a este arresto domiciliario, ha puesto de manifiesto los síntomas de tal sistema político.  La dependencia de los especialistas del CDC de Atlanta (Control y Dominación Colonial, por sus siglas en ingles), la escasez de inventario de artículos de primera necesidad; la importación del 85% de lo consumible, el control delegado de los puertos y aeropuertos, un sistema de salud de tercer mundo, funcionarios sin preparación ni compromiso en posiciones sensitivas y el abandono de los más necesitados.  Amén de una clase política que superpone la ambición y el pillaje por encima de la salud del pueblo.  La combinación de todos estos elementos ha mantenido este país en una violenta coma inducida. 

Tal condición nos mantiene respirando artificialmente.  No permite que lleguen a nuestros pulmones los aires de libertad, dignidad y orgullo nacional.  A través de la eutanasia nos mantienen confinados; presos y condenados a una cadena perpetua voluntaria, a la que servimos de manera voluntaria con el trapo’e voto cada cuatrienio.  A diferencia del Coronavirus gripal, este Coloniavirus se aloja en nuestra mente.  Nos paraliza, incapacita y recluye en el Statu Quo en el cual vegetamos.  Afortunadamente para ambos virus existen alternativas para evitar su propagación y minimizar sus secuelas.  Para el primero, basta con una cuarentena de 15 días (lo cual numéricamente es de locos).  Para el segundo, voluntad e instrucción.  Dicho de manera más antiséptica: ¡Quédate en casa y libera tu mente!

¡Levántate y anda!